Columnas

26 de enero de 2022

foto_0000000120150816211607 (1).jpg

"Sandai (Primer Encierro)"

Por Soledad Robledo
(CEDA Chile y Fundación Justicia Interespecie)

Quiero hablar del encierro. Iré por partes este verano; ésta es la primera.

 

Tuvimos que recluirnos en nuestras casas por esta pandemia; sintiéndonos desorientados, angustiados y aburridos.

 

Recuerdo haber visto fotos en redes sociales de activistas que se encerraban en el baño o closet para simbolizar de alguna manera, mejor en todo caso, el encierro que viven diariamente los seres no humanos.  

 

La pregunta es ¿qué pasa con el resto de los animales? ¿Su situación ha mejorado? No, de ninguna manera. Las imágenes mundiales de pumas, cóndores y zorros que bajaban a la ciudad desierta, en los tiempos más álgidos de Covid 19, han quedado en el recuerdo. Ellos ya no se asoman porque son sensibles a nuestra violencia. Viven en sus territorios que se empequeñecen, día a día, ya que van llegando las máquinas a destruirlo todo.

 

Lamentablemente, estos individuos siguen en su miserable situación diaria, impuesta por el hombre, en distintos lugares como son los mataderos, criaderos y aviarios. Ellas y ellos no han cometido ningún delito, pero su sentencia quedó clara al nacer: sus destinos eran ser manipulados, y encerrados de por vida para que la humanidad siguiera entreteniéndose, lucrando, y practicando sus mal llamadas tradiciones.

 

El zoológico es uno de esos espacios donde imponemos nuestra violencia contra los demás seres. De hecho, no era inusual en el siglo pasado que exhibiera a otras y otros que eran ‘distintos’, como personas de color o con desafíos físicos.  

 

Seguimos paseando por allí, con nuestras familias, para ver cómo otros animales están encerrados, y lejos de la tierra libre que añoran. Yo alguna vez fui, pero no captaba el horror. Tuvieron que pasar años hasta que elegí ser vegana, y sólo entonces, terminé de armar el rompecabezas especista que explotó en mi cara.

 

Hace un tiempo publiqué, por medio de esta columna, lo que estaba pasando en el zoo de La Serena gracias al relato de la concejala Daniela Molina.

 

Ahora tendremos la oportunidad de conocer otro caso de primera fuente. Se trata del testimonio de alguien que sabe muy bien que hacen, realmente, estos lugares de ‘entretención’. 

 

Este defensor protagonizó un hito, de nuestra corta historia chilena de derechos animales, al haberse infiltrado en el bioterio de la Universidad Católica. Gracias a su trabajo y del resto de sus compañeros, de organizaciones como No Más Vivisección, lograron el cierre definitivo de ese lugar que experimentaba con animales en 2008. Su nombre es Cristian Apiolaza, vegano y activista desde hace 21 años, y Director Legal de Fundación Vegetarianos Hoy. Cristian nos contará la historia de Sandai, orangután recluido en Buin Zoo, ubicado en la Región Metropolitana, y su intento de liberación:


 

Nos enteramos a fines de 2014, o a principios de 2015, de la llegada del orangután Sandai. Personalmente, yo trabajo en el centro de primates por lo que tuve información general de su caso. 

 

No fue comprado por el Buin Zoo; son figuras internacionales que creo, también, hay que cuestionarlas. 

 

Por una parte no hay certeza de cómo llegó. Nosotros hicimos una solicitud al Servicio Agrícola Ganadero (SAG) para que nos diera documentación oficial de cómo llegó Sandai, o cómo se hizo la transacción. La verdad es que nunca nos entregaron información; situación que se ha repetido siempre con SAG: cada vez que hacemos una solicitud de información de este zoológico, no nos entregan nada o se niegan porque los responsables del zoo de Buin se niegan a darla. 

 

Pero en esa época se comentaba, y se comenta hasta el día de hoy, es que fue la entrega de un zoológico francés. Primero, Sandai nació en Alemania, lo entregaron a Francia y después de allí llegó a Chile. Fue una especie de ‘intercambio’ o ‘préstamo’, más bien, de este zoo internacional en un supuesto programa de ‘reproducción de la especie’ a nivel internacional. Cuestión que también tenemos que cuestionar porque imaginense el tiempo que Sandai lleva aquí; si efectivamente Sandai, querámoslo o no, perteneciera a un programa internacional de reproducción, hace rato que los esfuerzos internacionales se hubiesen hecho y por otra parte, la verdad es que ningún programa internacional de reproducción, de este tipo de animales, tendría los ojos puestos en Chile para hacer esto.Todos los grandes programas de reproducción están en Europa, o en EEUU, etc. O en los propios países donde los animales son habitantes. Ese es el origen de Sandai.

 

Las características de su encierro; nosotros hicimos, de nuevo, una solicitud al SAG para saber que contenía su hábitat. Nos dijeron que el zoológico de Buin se había negado a dar esta información porque pensaban que nosotros, como activistas por los derechos animales, queríamos esos datos para atentar en contra de Buin Zoo, y de Sandai. Lo cual es ridículo, por supuesto. Lo cierto es que no quieren entregar las cifras, porque no quieren que la gente tenga un documento oficial donde se indiquen las dimensiones. 

 

Evidentemente es un lugar artificial que no contiene cuestiones mínimas como para las características que tienen los orangutanes. Por ejemplo, lo más importante es que los orangutanes braquean, eso significa que se trasladan de un árbol a otro utilizando sus manos. Eso Sandai no tiene la posibilidad de hacerlo hoy día. Tampoco tiene material para construirse un nido de noche. Una vez nosotros fuimos y tenían unos pedazos de cartón; absolutamente un material que desconoce pero que, obviamente, utilizaba. Pero no es lo óptimo.

 

Lo otro, es el mito de que los orangutanes son animales que pueden vivir solos. Ese es otro gran mito, también. Son animales solitarios, eso significa que ellos prefieren la vida solitaria; pero saben a cuántos kilómetros hay otro orangután. Son capaces de olerlos, son capaces de escucharlos, son capaces de comunicarse. Es cierto que se acercan a los demás cuando se tienen que aparear, pero no es verdad que prefieran la soledad así como a secas. Ahí también hay que cuestionarse aquello. 

 

En 2015 distintos activistas, que nos conocíamos, quisimos tratar de evitar que Sandai permaneciera en ese espacio, con esta idea media loca de hacer todo lo posible para poder liberarlo. Ahí surgió la idea de iniciar una campaña que pensamos iba a ser mucho más fácil, pero la verdad, salvo las primeras actividades, no ha funcionado muy bien. Básicamente, surgió esta campaña que no solo era por la vida que Sandai iba a vivir y tener dentro de un zoo, sino también, el cuestionamiento a esta institucionalidad que son los zoológicos, que son principalmente un modelo de exhibición donde compran, venden animales, cobran entrada y mantienen animales hasta la locura. Evidentemente, hay que separar los espacios donde los animales son mantenidos en programas de rescate y rehabilitación versus estos tipos de instituciones, como Buin Zoo, donde simplemente les interesa juntar y ganar plata. Adentro tienen animales amaestrados. Este verano van a volver a hacer esta cuestión de actividades nocturnas. No hay ningún estándar de bienestar animal ahí. No se sostiene tener estas actividades nocturnas o actos de animales amaestrados, si Buin Zoo quisiera, efectivamente, preocuparse del bienestar animal.

 

Lo primero que hicimos, como activistas, fue una especie de bloqueo tanto en la entrada como en algunas partes al interior del zoo. Tuvo bastante efecto, salió en varios medios de prensa y en varias RRSS. 

 

La reacción del público no fue positiva en el zoo ese día. No reaccionaron violentamente; quedaron medios plop, medios impactados porque, evidentemente, las personas que están dispuestas a pagar esa entrada carísima, del zoo de Buin, tienen una disposición mental a ir a esos espacios, a ver animales encerrados. Ellos no ocupan un lenguaje crítico, no hay un cuestionamiento, pienso yo, dentro de la gran mayoría que va a los zoológicos. Entonces, más bien fue una actitud de sorpresa.

 

La gente que trabajaba ahí no se lo tomó tan bien, pero no es que hayan sido violentos, o que haya habido una pelea. o un alboroto mayor.

 

Durante la pandemia, en 2020, este tipo Ignacio Idalsoaga (dueño de Buin Zoo), que es un traficante de animales, legal, pero sigue siendo un traficante de animales empezó a decir en sus RRSS, básicamente, que si no se les daba plata, iban a tener que cerrar el zoo, asustando a la gente, diciendo, principalmente, que significaba la muerte de los animales. Mucha gente, que cree absolutamente todo y no se cuestiona este tipo de declaraciones, empezó a apoyarlo. Esto gatilló que centros de rescate levantaran la voz diciendo que ni ellos tenían la misma cantidad de dinero que el Buin zoo, por lo que les parecía bastante ridículo que pidieran apoyo económico. Lo más impactante fueron esas personas que, de verdad, pensaron que estaban en una crisis, que iban a quebrar. Con el tiempo se ha demostrado que todo ha sido una mentira. Idalsoaga sencillamente quería seguir ganando dinero, o no quería gastar los recursos que él tenía o guardaba en otros negocios. Este tipo no solo tiene este zoo, él está involucrado en otros negocios e inversiones. 

 

Entonces, decidimos hacer una carta abierta para que la gente se diera cuenta de que el discurso de Idalsoaga no era verdadero y que, básicamente, los estaba engañando y les quería quitar la plata.

 

Desde el Buin Zoo no ha habido una reacción desde el inicio. No se han comunicado, no han contestado la carta, no han habido amenazas tampoco. Se han mantenido en silencio. Todo este tiempo, desde 2015 a la fecha, no ha habido ningún tipo de comunicación salvo que, a veces, ellos mencionan el tema en sus RRSS, pero nada más. 

 

El problema es que como zoo privado no hay forma de presionarlos. SAG no tiene autoridad ante este recinto; aunque debería estar a cargo de la fiscalización no tiene mucho interés de fiscalizar los zoológicos. De hecho, están cambiando un poco la denominación de estos sitios para no tener, efectivamente, que fiscalizarlos.

 

El tema de Sandai es muy complejo. La decisión de que se vaya de allí, en este momento es una decisión de Idalsoaga, una decisión privada. Difícilmente veo que la vaya a tomar. Eventualmente, se podrían iniciar acciones legales, por ejemplo, como lo que está sucediendo en otras partes del mundo con los habeas corpus. Hay gente que lo ha pensado, pero no sé si los tribunales chilenos están preparados para eso. Yo, si me piden mi opinión, creo que no. Los tribunales de Chile rechazarían esa solicitud con respecto a Sandai. 

 

Entonces, ¿qué nos queda para no ser tan negativos? Chile necesita una ley de reconversión de zoos, urgentemente, porque Buin Zoo es la punta del iceberg de lo que está pasando en nuestro país. Yo diría que, en comparación con otros animales de otros zoos, el Buin Zoo es un buen lugar. Imagínense lo que les estoy diciendo. Nosotros tenemos información, tenemos antecedentes, tenemos testimonios de personas que han visitado otros zoológicos en otras partes de Chile, y los animales, básicamente, se están muriendo.

 

Por ende, hay un descontrol, no sólo en el surgimiento de nuevos zoos; si le preguntan a SAG la cantidad de animales que existen en los zoos en Chile, ¡no tienen idea! Hay un descontrol entre las relaciones entre los grandes zoos, como el de Buin, y de los otros zoos más chicos. No tenemos claridad cuántos animales les entrega el SAG a este recinto. No tenemos claridad cuántos animales le entrega el Buin Zoo a otros zoos, ni cuántos animales hay hoy en los zoológicos chilenos. Hay un desorden que, evidentemente, conlleva a maltrato y crueldad animal. 

 

Por eso, necesitamos una ley de reconversión de zoológicos, como dice su nombre, que establezca el fin de este modelo de exhibición de animales y apunte hacia el rescate, rehabilitación de fauna nativa, prohibiendo el ingreso de más animales exóticos, prohibiendo la reproducción de animales exóticos, prohibiendo el intercambio internacional de especies, etc.”